Muchas veces, como empleados, nos hemos tenido que enfrentar al problema de la interinidad en los contratos de trabajo. Para todos aquellos que no sepan qué es la interinidad, diremos que es la ocupación de una plaza vacante pero de la que no se tiene la propiedad. Hay trabajadores interinos en sanidad, en educación y en las Administraciones públicas. 

La interinidad en los contratos de trabajo

La interinidad es algo muy extendido, ya que el puesto de trabajo de un empleado en esta situación es más barato para el Estado que el que tiene que retribuir en caso de que el trabajador sea funcionario.

A efectos prácticos, en el día a día, el interino ocupa el puesto que puede ocupar el funcionario, pero con algunas diferencias:

  • El trabajador interino ocupa la plaza de forma temporal, ya que esa plaza no pertenece a ese trabajador. Es una plaza que sale a oferta precisamente porque no hay funcionarios que la hayan podido ocupar.
  • Las plazas para interinos también salen a concurso a modo de refuerzo cuando hay tareas extra que hay que realizar
  • En caso de que sean necesarias sustituciones de funcionarios

Como decimos, la interinidad es una circunstancia temporal, y cuando la situación que la hace necesaria finaliza, la plaza caduca.

¿Entonces, cuál es el problema de la interinidad en los contratos de trabajo?

El problema de la interinidad en los contratos de trabajo es precisamente ese: la naturaleza temporal que tienen.

Esto genera una gran inestabilidad laboral para los trabajadores interinos. Por ejemplo, en el caso de un profesor que esté cubriendo una sustitución en un territorio determinado, la sustitución tiene un tiempo, y cuando el “propietario” de la plaza se reincorpora, el interino tiene que abandonarla.

Igualmente se genera esta inestabilidad en términos de movilidad. Es decir, el interino hoy puede estar en Madrid, pero mañana puede salir una plaza en Córdoba, y debe aceptarla.